Atender la curiosidad en cuanto aparece: El motor de trabajo de la astrónoma Francisca Contreras
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Cielos Chile
schedule Martes 28 de Julio
De niña miraba las estrellas por la ventana y hoy Francisca Contreras recorre Chile llevando el conocimiento astronómico a cualquiera que quiera adquirirlo. Niños o adultos, con o sin conocimiento previo.
Francisca Contreras Silva es licenciada en ciencias con mención en Astronomía de la Universidad de Chile, divulgadora científica y encargada de Extensión y Educación del Núcleo Milenio MINGAL, pero alguna vez fue también una adolescente que volvía todos los días de clases hacia su natal Bulnes, por sectores de la Ruta 5 sin iluminación. Saliendo de su casa a las 6 de la mañana y volviendo a las 8 de la tarde, relató que “no veía el sol de mi pueblo” pero en ese trayecto diario, sin celular ni pantalla que la distrajera, tenía la oportunidad de mirar las estrellas por la ventana. Comenzó entonces a definirse la trayectoria que hoy la respalda.
“Lo que se hereda no se hurta”
Francisca creció en Bulnes, una comuna rural al sur de Chillán, y es hija de dos profesores. Su cercanía inicial con la ciencia no fue la astronomía, sino la matemática, en la que destacó desde su niñez. Desde temprana edad, ya confiaba en sus capacidades. Esta confianza se tejió desde varios aspectos, destacó, por ejemplo, la autonomía de crecer en un pueblo pequeño, donde a los nueve años podía caminar sola al colegio sintiéndose cuidada por toda la comunidad.
Esta habilidad con los números y su red de apoyo latente la llevaron a ingresar a Ingeniería en la Universidad de Chile, con un plan común de dos años que, según relató, le dio el espacio para explorar antes de comprometerse con la astronomía. Fue justamente ahí donde tomó un ramo con el profesor Guillermo Blanc, hoy Presidente de Fundación Cielos de Chile. Poco después, Francisca se convirtió en ayudante del mismo ramo.
Esa cercanía con la docencia no fue casualidad, sino algo que Francisca reconoce como una herencia directa. “Lo que se hereda no se hurta”, señaló, recordando que sus padres siempre le contaron que, desde el jardín infantil, ella ya se preocupaba de los niños más pequeños; en el colegio, les leía cuentos a los vecinos; y en cuarto medio, dictaba clases de física a estudiantes de segundo medio. El giro hacia la divulgación, sin embargo, no llegó solo por vocación, sino también por una experiencia que la hizo reflexionar. En medio de sus estudios universitarios, Francisca se detuvo a pensar qué la hacía distinta en un ambiente de compañeros excepcionalmente talentosos en matemática y física. “Reconociendo esos talentos, yo veía que las personas que están asociadas al área de la investigación científica suelen ser más tímidas y ese no era mi caso”, explicó.
A eso se sumó una inquietud más profunda: de qué sirve caracterizar una estrella o galaxia lejana si, mientras tanto, ni siquiera los profesores de colegio en Chile comprenden bien las fases de la luna. “A mí no me hacía mucho sentido seguir en la investigación astrofísica sin pasar por el también devolver a las personas este conocimiento”, dice.
Devolver el conocimiento a las personas
La convicción de que la ciencia solo cumple su propósito cuando vuelve a las personas es la que abrió la conversación con Fundación Cielos de Chile. Como encargada de Extensión y Educación del Núcleo Milenio MINGAL, Francisca coordina Manos a la Ciencia, una plataforma de ciencia ciudadana liderada académicamente por el director Rodrigo Herrera-Camus y la co-directora Yara Jaffé, que invita a cualquier persona, sin conocimientos previos, a colaborar directamente en investigaciones científicas reales.
Entre los proyectos que alberga la plataforma está Glowatch, la herramienta de ciencia ciudadana desarrollado por la Fundación Cielos de Chile junto al Centro de Investigación Ciluz,nel Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile y el CATA. Para Contreras, la lógica de fondo es la misma tanto en Glowatch como en Manos a la Ciencia: pese a los avances de la inteligencia artificial, “al día de hoy no hay nada mejor que los ojos humanos” para tareas como clasificar galaxias o identificar fuentes de contaminación lumínica.
Por un lado, Manos a la Ciencia busca reunir distintas disciplinas de ciencia ciudadana bajo un mismo techo; por otro, la observación astronómica, el corazón del trabajo de MINGAL, depende directamente de cielos oscuros y limpios. De ahí que MINGAL y Fundación Cielos de Chile mantengan un vínculo activo: “reconocemos también la experiencia de Fundación Cielos de Chile en el promover los cielos oscuros“, afirmó Contreras.
El futuro no esta garantizado, pero…
Consultada sobre el crecimiento proyectado de Chile como epicentro de la observación astronómica mundial, fue enfática: esa posición no está garantizada. “Nuestro país tiene una capacidad tremenda a nivel geográfico, pero también no está asegurada. Si es que nosotros no protegemos los cielos oscuros, nosotros podemos ser reemplazados por otro país”, advirtió, repasando las condiciones que hacen único al desierto chileno: su aridez extrema, la vista privilegiada hacia el centro de la galaxia desde el hemisferio sur, la altura de la cordillera de los Andes y la estabilidad política del país.
¿Cómo mantener el estatus, entonces? La respuesta está en las legislaciones y en el involucramiento activo de la sociedad, y ese involucramiento, para Contreras, no se construye de un día para otro: se siembra desde la infancia. Es ahí donde ubica la misión que reúne todo su trabajo: acercar la astronomía a la ciudadanía desde los primeros años de vida. Considera que las niñas y niños tienen una curiosidad y una oportunidad de futuro más equitativo que vale la pena cultivar desde temprano, especialmente en un campo donde el acceso económico sigue siendo una barrera, y donde el ingreso femenino a carreras STEM ha aumentado sin traducirse todavía en una presencia proporcional en cargos académicos o directivos.
¿Cómo explicarles a los niños un concepto tan técnico como la contaminación lumínica? Su fórmula es simple: lenguaje accesible, sin renunciar al rigor. “No puedes saltarte la palabra contaminación, o la frase que comunica el concepto, tienes que explicarlo de inmediato, porque pierdes la atención del público si se enfrenta a tecnicismos sin una explicación clara”, señaló. Y agregó “los niños preguntan sin miedo, mientras que en auditorios de adultos, con cientos de personas, apenas surgen tres o cuatro preguntas. Los niños tienen una curiosidad innata que hay que alimentar”.
Efectivamente, la clave está en adaptarse. Francisca también es activa en redes sociales bajo el usuario @fran.astronoma, el cual nació en pandemia, cuando un viaje de divulgación científica que la llevaría de San Pedro de Atacama a Coyhaique se transformó, por necesidad, en una experiencia virtual. Desde entonces construyó una comunidad, pero es clara en marcar los límites de esa herramienta, “las redes sociales no reemplazan de ninguna manera el aula, la lectura, ni el estudio personal”, afirmó. Para ella, su verdadero valor está en otra parte, en permitir que la gente sepa dónde encontrarla cuando quiera aprender de forma más profunda o tradicional, ya sea en un curso, un taller o un libro.
Esa filosofía también explica por qué en Manos a la Ciencia se usan formatos como los video reacts que hoy dominan YouTube. “El que podamos usar el lenguaje del público para compartir lo que necesitamos compartir. Eso yo creo que es lo más relevante en las redes sociales”, resumió.
En poco más de una década, ese trayecto diario en bus por la Ruta 5 se transformó en una trayectoria completa: hoy Francisca Contreras es autora del libro infantil Kika y las Estrellas (de Editorial Planeta) y ha llevado la astronomía a más de 50.000 personas a lo largo de Chile a través de decenas de charlas y cursos, presenciales y online. Ha representado al país como delegada en el Barco de la Juventud SWY 37 del Gobierno de Japón y en el “APEC Women in STEM Symposium” de Corea del Sur, y fue reconocida entre los 100 Jóvenes Líderes 2024 de El Mercurio. Pero si algo no ha cambiado desde esa adolescente que miraba las estrellas por la ventana, es la convicción de que ese gesto simple, levantar la vista, debería estar al alcance de cualquiera.
Proteger los cielos oscuros de Chile, para Francisca, es también proteger esa posibilidad: que la próxima generación pueda seguir mirando hacia arriba y, como ella alguna vez lo hizo, encontrar ahí el inicio de algo.
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