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La naturaleza siempre ha sido fuente de inspiración y respuestas. Al diseñar las primeras calles se siguieron los flujos del agua, cuando el humano quiso volar imitó a las aves. Y hoy, que Tania Tadic se planteó diseñar para ser un aporte a la comunidad, Chile cuenta con su primera lámpara ornamental en cumplir al 100% con la norma lumínica, inspirada en las luciérnagas.
Candela Iluminación es una empresa nacional que lleva más de una década en el mercado con un propósito claro: trabajar con productos que generen bienestar en las personas. Este año, dicho propósito se materializó en la primera luminaria ornamental en cumplir al 100% con el DS N°1/2022, la norma lumínica vigente en Chile. Fundación Cielos de Chile habló con Tania Tadic, socia fundadora de la empresa, sobre el proceso de diseño y lo que significa desarrollar un producto que une estética, técnica y responsabilidad ambiental.
La luz como vocación
Tadic lleva trabajando en iluminación desde el año 2000, cuando descubrió la disciplina durante sus estudios de diseño. “Desde que descubrí el ramo de iluminación en la carrera, dije: esto es”, recordó. Lo que le atrajo no fue solo la técnica sino la capacidad de la luz para transformar experiencias. “Me gusta ir al detalle. Me gusta generar atmósferas, generar sensaciones. Y yo creo que a través de la luz es una herramienta perfecta para eso”. Esa fascinación no ha disminuido con los años, al contrario, se ha profundizado. “Todo lo transformo en luz”, declaró con simpleza.
Diseño con sentido
Con el tiempo, Tadic identificó una brecha en el mercado: los productos técnicamente superiores eran de nicho, caros y en muchos casos no disponibles en Chile. Los productos económicos, en cambio, no tenían el respaldo técnico ni el impacto en bienestar que ella buscaba. “Si nosotros queremos tener un impacto en la mayor cantidad de personas posible, no puedo trabajar con productos que tengan precios de nicho”, señaló.
Lo que también la inquietaba era el lugar que la iluminación ocupa en el imaginario colectivo. “Muchas veces es considerado solamente como un impacto estético. Y yo siempre pensé y tenía esta inquietud de que tiene que haber algo más”, explicó. El propósito que identificó con claridad al desarrollar este producto fue, en sus palabras, “generar un bienestar en las personas, teniendo un impacto en la biología y en las emociones”.
Tania se instruye en neuroiluminación y neuroplasticidad como parte de su proceso de formación permanente. “Voy siendo cada vez más consciente del impacto que puedo generar al diseñar espacios con herramientas que sean, también, conscientes”, señaló.
La evidencia que ha encontrado en ese camino respalda lo que intuitivamente ya sabía: la luz cálida con bajos niveles de azul genera estados de tranquilidad y claridad, respeta el ciclo circadiano y produce una sensación de bienestar que las personas perciben sin necesidad de conocer los fundamentos técnicos. “La gente, sin saber, se las paso para que las prueben en su casa o en los jardines, y todos quedan fascinados”, relató.
La norma como detonante
La norma lumínica fue el botón que convirtió esa inquietud en un producto concreto. “Cuando salió la normativa, fue el botón para decir, ya, ahora hay que hacer algo”, explica. El proceso de diseño llevó cerca de seis meses, en colaboración con un fabricante que se entusiasmó con la idea desde el principio. “Siento que se juntó la gente correcta”, comentó.
El resultado es una lámpara GU10 de exterior diseñada para tener el menor impacto posible sobre el entorno nocturno. En un formato accesible que cualquier persona puede instalar, el producto tiene contenido 100% profesional y técnico. Cumple con todos los requisitos del DS N°1/2022: trabaja con el menor porcentaje de luz azul posible (llegando a menos de un 1%), opera con flujos bajos y permite regular la intensidad. Adicionalmente, el equipo de Candela fue más allá de lo que exige la norma: incorporaron un CRI>97 para evitar la distorsión de colores, y diseñaron un producto que en un mismo cuerpo permite trabajar con tres temperaturas de color: 2.200, 2.500 y 2.700 Kelvin.
Para nombrarla, Tadic buscó inspiración en la naturaleza. “Estaba buscando algún ser vivo que lo representara, pensé que era lo más natural, que tenía que haber algo así”, explica. Ahí apareció la luciérnaga como fuente de luz natural en el ecosistema como metáfora perfecta.
Luz, naturaleza y cielos oscuros
Hay una convicción más amplia detrás de su trabajo que conecta directamente con la misión de la Fundación Cielos de Chile. “Siempre en arquitectura y en diseño uno trata de acercarse al comportamiento de la naturaleza. Eso siempre te genera espacios que son más atractivos inconscientemente, porque uno no le pone un nombre, pero sí sabes que te sientes bien ahí”.
Tadic conoció a la Fundación en el proceso de investigación que acompañó el desarrollo de la lámpara, en eventos, charlas y espacios de capacitación sobre la norma lumínica. “Eso me hizo integrarme un poco más y entender de manera más dócil lo que a veces parece un poco duro cuando se habla de normas y restricciones”, señaló.
Esa aproximación gradual al ecosistema de actores vinculados a la contaminación lumínica fue también una fuente de aprendizaje. “Al ir leyendo e investigando nos dimos cuenta de que el impacto que podemos generar es gigante, tanto en las personas como en el ecosistema”, complementó. Así, se demuestra que proteger los cielos oscuros también puede empezar en el living de tu casa.
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