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La cancelación del proyecto INNA marcó un punto de inflexión en la discusión pública sobre cómo impulsar un desarrollo energético e industrial que sea compatible con la protección de los cielos oscuros y el valor estratégico de la astronomía en Chile. Desde la comunidad científica se ha recalcado que no existe una oposición a las energías limpias, sino a su emplazamiento en zonas incompatibles con la observación astronómica.
Los planes iniciales del megacomplejo INNA contemplaban el desarrollo de más de 3.000 hectáreas en las cercanías del observatorio Paranal, a solo 5 kilómetros del sitio de construcción del futuro Cherenkov Telescope Array South (CTAO-Sur), a 11 kilómetros del Very Large Telescope (VLT) y a 20 kilómetros del sitio donde se construye el Extremely Large Telescope (ELT), instalaciones clave para la astronomía mundial.
Según un estudio del European Southern Observatory (ESO), el megaproyecto habría incrementado la contaminación lumínica en un 5% en los cielos del ELT, en un 35% sobre el VLT y en más de un 50% en CTAO-Sur. A estos efectos se sumaban otros impactos críticos, como el aumento de la turbulencia atmosférica, que podría haber deteriorado hasta en un 40% las condiciones de visibilidad astronómica del sitio.
Bajo tal escenario, Fundación Cielos de Chile y distintas organizaciones astronómicas, científicas y ambientales desplegaron un intenso trabajo comunicacional conjunto para explicar qué estaba en juego, por qué la contaminación lumínica es un problema crítico y cómo iniciativas como INNA representan un riesgo no solo para la ciencia, sino también para los ecosistemas y la salud de las personas.
El 20 de diciembre de 2024, el proyecto INNA, impulsado por AES Andes, ingresó a la Dirección Regional del Servicio de Evaluación Ambiental de la Región de Antofagasta. Desde el inicio, su localización abrió un debate público debido a su cercanía con algunos de los principales observatorios astronómicos del mundo. En ese contexto, voces del mundo científico plantearon tempranamente en los medios la necesidad de evaluar con especial atención los posibles efectos del proyecto sobre un patrimonio científico de relevancia global para la astronomía mundial.
La ESO, la Sociedad Chilena de Astronomía (SOCHIAS) y destacados premios nacionales comienzan a alertar públicamente sobre los impactos significativos que produciría INNA en las condiciones únicas del norte de Chile. A ello, se sumaron las opiniones de astrónomas como María Tereza Ruíz y Teresa Paneque, quienes difundieron en sus redes sociales las amenazas de la contaminación lumínica a los cielos nortinos. Gracias a su importante base de seguidores, esta acción contribuyó a amplificar el mensaje de preocupación de manera masiva.
En paralelo, la Fundación Cielos de Chile asumió un rol activo en este proceso. A través de redes sociales y acciones de difusión, la organización invitó a la ciudadanía a participar del proceso de participación ciudadana que contempla la normativa ambiental chilena. Mediante guías y materiales, la fundación explicó a la ciudadanía cómo realizar observaciones pertinentes y válidas, promoviendo una participación informada y efectiva.
Junto a ello, el presidente de Fundación Cielos de Chile, Guillermo Blanc, envió una carta a El Mercurio donde abordó los estándares internacionales sobre límites a la contaminación lumínica y expuso por qué INNA ponía en riesgo la investigación de vanguardia que se realiza en los observatorios.
Fundación Cielos de Chile y la comunidad científica realizan un llamado al Servicio de Evaluación Ambiental para que aplique el rechazo temprano al proyecto. “Es evidente que el proyecto necesita una seria y profunda reformulación —que incluya su relocalización— y que de las garantías necesarias de no generar impacto ambiental. Sería deseable que las instituciones del Estado tomen una acción temprana para prevenir perpetuar por años un proyecto que demuestra no ser viable. Dar esa señal de claridad en esta etapa es una forma de reducir la incertidumbre para todos los actores involucrados”, declaró en esta etapa Daniela González, directora ejecutiva de Fundación Cielos de Chile.
ESO publica un informe técnico que, a través de metodologías transparentes y replicables, demuestra los efectos irreversibles de INNA si es que el proyecto se construía.
La preocupación por el proyecto INNA escala a nivel internacional y en abril de 2025 más de 3 mil científicos de todo el mundo firman una carta dirigida al presidente Gabriel Boric solicitando la reubicación del proyecto a una distancia que no pusiera en peligro los cielos más oscuros de la Tierra.
Se cierra el proceso de participación ciudadana alcanzando más de 700 observaciones, convirtiéndolo en uno de los más masivos en la historia del sistema de evaluación ambiental chileno y evidenciando una preocupación transversal por la defensa de los cielos oscuros.
AES Andes solicitó una ampliación de plazo para responder a las observaciones ciudadanas recibidas por el proyecto INNA.
Ese mismo mes, un informe de la Fundación Cielos de Chile reveló que 118 proyectos industriales planificados en zonas protegidas para la astronomía no habían ingresado Evaluaciones de Impacto Ambiental por su dimensión lumínica, evidenciando vacíos regulatorios y reforzando la urgencia de actualizar los estándares de protección de los cielos oscuros.
“Este informe nos muestra que la incorporación de la variable lumínica en la evaluación ambiental está en proceso de consolidación, pero aún se requiere mayor precisión para resguardar los cielos nocturnos de esta zona clave”, afirmó Daniela González, directora ejecutiva de la Fundación a Biobío Chile.
En diciembre de 2025, la protección de los cielos oscuros ingresó de manera explícita a la agenda política nacional. Durante el último debate presidencial de segunda vuelta, el tema fue mencionado directamente, consolidándose como un asunto de interés público a escala país. Ante la mención de la posibilidad de que los impactos del proyecto podrían ser atenuados, la Fundación Cielos de Chile reforzó públicamente que el proyecto INNA no es mitigable.
Ese mismo mes, la comunidad internacional vuelve a pronunciarse respecto al proyecto. Destacados astrónomos de distintas partes del mundo, liderados por Reinhard Genzel, astrónomo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (Alemania) y ganador del Premio Nobel de Física en 2020, firmaron una carta dirigida al Gobierno de Chile solicitando la protección de los cielos oscuros del Desierto de Atacama y la reubicación del proyecto INNA.
“Estamos convencidos de que el desarrollo económico y el progreso científico pueden y deben coexistir en beneficio de todas las personas de Chile, pero no al costo irreversible de una de las ventanas únicas e irreemplazables de la Tierra hacia el universo. Instamos respetuosamente al Gobierno de Chile a solicitar la reubicación del proyecto INNA y a proteger el delicado entorno de Paranal con leyes acordes y actualizadas”, indicó la carta que puedes leer aquí.
El 23 de enero de 2026, AES Andes anunció que no continuaría con el proyecto INNA, decisión que se formalizó el 06 de febrero con la comunicación del desistimiento de manera oficial al Servicio de Evaluación Ambiental. Con ello, se cerró definitivamente el proyecto, marcando un punto de inflexión en la relación entre desarrollo energético, comunicación pública y protección de los cielos oscuros de Chile.
El impacto devastador que hubiese tenido INNA en los mejores cielos del mundo motivó a diversos actores a sumarse a esta campaña que tuvo un fuerte componente comunicacional. Las diferentes acciones lograron obtener una amplia cobertura en medios de Chile y el mundo, lo que permitió llevar las posturas de la comunidad científica hacia los tomadores de decisiones.
La activación en redes sociales, por su parte, contribuyó a alertar a la ciudadanía sobre los efectos de este proyecto. El establecimiento de llamados a la acción claros, como la invitación a enviar observaciones durante el proceso de participación ciudadana, motivó a las personas a involucrarse directamente.
La difusión de guías para la realización de observaciones facilitó que más personas pudieran ser parte de la etapa de consulta ciudadana, superando las barreras de entrada que tienen estos procesos, lo que se tradujo en un récord de participación.
Por su parte, los mensajes basados en la evidencia científica y en enfatizar las características únicas de los cielos de Chile para la investigación mundial, resonaron en las audiencias, quienes se identificaron con ellos y los amplificaron a través de interacciones en las redes sociales.
El trabajo colaborativo constante entre organizaciones diversas junto al respaldo de la ciudadanía permitió que el llamado a reubicar el proyecto INNA permaneciera en la discusión pública y se fortaleciera a lo largo del tiempo. “Esta campaña nos demostró que cuando nos unimos es posible lograr nuestros objetivos. Esperamos mantener esta unión para seguir trabajando por la protección de nuestros cielos oscuros”, destacó Daniela González, directora ejecutiva de Fundación Cielos de Chile.
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